14 de junio de 1982 | Máxima Resistencia: aquí late el corazón de nuestra Patria

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«¡Por los que se quedaron, por los que no se rindieron ni se rendirán jamás y siguen combatiendo por Malvinas! 



Testimonio de aquel 14 de junio de hace 40 años de Esteban Vilgre Lamadrid… 


«Hace un año publiqué este recuerdo que me generaba la vigilia del 14 de junio. Decidí repetirla sin cambiar una coma. Se me han sumado muchos nuevos testimonios. Serán incluidos en el relato que escribiremos y publicaremos en poco tiempo…. hoy, noche de vigilia y retrospección.

A esta hora, el Jefe del 2do Batallón de Guardias Escoceses, Ltcol Mike Scott ordenaba a sus hombres dejar los «pots» (cascos) y colocarse sus boinas «para que los argentinos sepan quienes los vienen a matar», fumaron su ultimo cigarro, bebieron té caliente y dejaron atrás las señales luminosas colocadas por los guías. Acababan de cruzaron la «Start Line», la línea de partida para el ataque… último lugar amigo para quien ejecuta una acción ofensiva.
En esos instantes, la Compañía B del RI 6 esperaba su momento; aún ignoraba que escribiría una página más de la historia de esa bicentenaria Unidad…
Mis guerreros estaban agotados, venían de un combate dos días antes, de un repliegue bajo fuego, de una noche de infierno con frío, viento y el incesante ruido de las explosiones de artillería naval, terrestre y morteros… estaban casi sin víveres ni abrigo, pero aún así, esperaban el ataque enemigo.
Pienso que la pertenencia al grupo, el sentido de no fallar al compañero y el honor eran casi ya sus únicos motores, también creo que solo reforzaba su tozudez la fe en Dios y saber que, por fin, esta historia tendría un desenlace fuera el que fuese. Ya lo habíamos dicho la ultima vez que nos reunimos: seguramente algunos de nosotros no llegaríamos vivos al dia siguiente.
No obstante la espera era tranquila y serena, había determinación y ansiedad.
Desde nuestras posiciones frente a Wireless Ridge, pasadas las horas, fuimos testigos del ataque de los Paras a ese cerro y del primer ataque sobre Tumbledown en el sector de la 4ta y 5ta secciones de nuestros infantes de marina, que fue rechazado, eran cerca de las 2230 horas. (años despues sabría que la Compañía Flanco Izquierdo enemiga habia sobrepasado a la Compañía Golf y lanzado su primer ataque sin éxito).
En las primeras horas del 14, mientras tratábamos de descansar esperando nuestro turno, los sonidos de un segundo ataque sobre las posiciones del Teniente Carlos Vazquez, el Guardiamarina Miño y el Subteniente Silva (que fue mas feroz que el anterior) nos advirtieron de la inminencia de nuestro momento.
Esta vez el combate cuerpo a cuerpo, los sonidos de la pelea y nuestra experiencia del combate en Dos Hermanas nos indicaron que no faltaba mucho para que el enemigo llegase a nosotros… pero de dónde vendrían? de Tumbledown, de Wireless Ridge?
La respuesta no tardaría en llegar para nuestra seccion… mientras la Compañía Flanco derecho de los Guardias Escoceses se alistaba en las rocas cercanas esperando ejecutar la ultima fase del asalto, en su puesto de comando, el Jefe de Compañía, Tte 1ro Abella, recibió la órden del Mayor Oscar Jaimet de alistar una fracción para bloquear la penetración en el sector de la 4ta Sección de infantes de marina, era la última fase para la Compañía Flanco Izquierdo del Mayor Kiszely antes de ser sobrepasado….
 El soldado Carlos Daniel Britos llegó hasta donde me encontraba con mis soldados y suboficiales cubriéndonos del viento y los fuegos de artillería para decirme que debía subir a recibir una orden; algo me hizo ruido y pasé la voz de «alistarse»; concurrí hasta el puesto comando bajo el fuego de la artillería y se confirmó mi sospecha: desplazarme al sector de la infantería de marina a bloquear el sector del Teniente Vazquez. Regresé de muy malhumor por lo que consideraba injusto al haber sido nuevamente elegido para una misión extrema y lo comenté con mi segundo, el bravo sanjuanino, Sarg 1ro Jorge Daniel Corvalan.
Al llegar les pedí a Marcelo Di Sciullo y a Minutti que pasasen la voz de tomar el equipo indispensable y encolumnarse donde me encontraba, parado arriba de una roca; fueron llegando lentamente… nadie hablaba ni preguntaba nada, solo se escuchaban los disparos, las explosiones, los gritos lejanos y el aullido del viento… en menos de 5 minutos TODOS estuvieron presentes.
Les dije (gritando todo lo que podía), estas breves y poco heroicas palabras: «tiren todo lo que les sobre a la mierda que ahora si vamos a combatir». Con los que estaban mas cercanos compartí mis temores y les dije que era el ultimo esfuerzo, que seguramente muchos de nosotros no volveríamos a ver la luz del sol, pero volver como cobardes no era una opción.

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Los soldados Horisberger y Poltronieri me pidieron ir a recuperar sus ametralladoras (que estaban guardadas bajo unos ponchos impermeables) y sin decir mas, se encolumnaron detrás mío en dirección donde se encontraba el Mayor Oscar Jaimet. Fue muy breve en su órden verbal: «el batallón tiene una fracción empeñada y ud les va a dar una mano». Me presentó al valiente Teniente Waldemar Aquino, quien me saludó y me comunicó que sería mi guía (y vaya si lo fue).
Comenzamos a subir el cerro, las explosiones nos acompañaban y cada tanto un proyectil estallaba a nuestro lado. Aquino me impuso rápidamente de la situación difícil en primera línea y escuchó con paciencia mis insultos por haber sido seleccionado para esa misión, hecho que le pareció risueño: iba al infierno y sin embargo estaba más preocupado por mi propio enojo!.
Al llegar a la posición del Jefe de Compañía Nacar, este me ordenó «bloquear bloquear una penetración», en ese momento, ni él ni yo sabíamos que se trataba nada menos que del ataque principal!!! el más importante de la fecha, el que definiría la guerra!!!! tampoco sabíamos que en ese instante, el Mayor kiszely estaba asaltando por última vez a la 4ta sección, pero la voz en la radio que decia «estamos en combate cuerpo a cuerpo y no se cuanto mas vamos a resistir» indicaba la situación reinante…
Previo sustraerle dos jugos de durazno que se encontraban junto al cajon de municion que le hacía de mesa de campaña, salí de su puesto de comando… la misión era clara…y difícil… fue el último momento de serenidad, aspiré aire y miré hacia el cielo: explosiones de artillería, morteros, cohetes antitanque y otras armas hacían temblar el suelo, cada explosion iluminaba el lugar y hacía caer piedras encima nuestro, el suelo se movía literalmente bajo nuestro pies; las bengalas iluminaban el cerro y las rafagas pasaban por encima nuestro.
Me sentía desconcertado, pero la mirada de mis soldados y suboficiales -mas la certeza de que debíamos salir de alli cuanto antes- me llevaron a decir un: «seguirme» (sin saber con certeza si eso era lo que quería decir…)
Los que estaban arrodillados o sentados se levantaron y mi valiente sección de infantes -cuando lo mejor era retroceder- avanzó hacia el enemigo. La pucha… que ejemplo… aún me conmueve recordarlos levantarse, tomar pesadamente su armamento y marchar en silencio detrás mío…
La columna avanzó detrás del teniente Aquino y el Infante de Marina Ricardo Velez; cada tanto una bengala nos iluminaba y nos quedamos tiesos hasta que se apagara, luego continuábamos bordeando el cerro hacia el puesto mas alto, el combate se hacía mas y mas cercano, sus sonidos eran inconfundibles… al llegar, en el sector donde aún se combatía; ya no quedaban muchas bocas de fuego… las ráfagas británicas venían de diferentes direcciones…. mi primer duda fue que para bloquear al enemigo, primero debería contactar al jefe de los infantes de marina o -al menos- saber quien era quien!!
Dejamos a la sección ocupando posiciones en cercanías de la altura y avanzamos 3 hombres: el soldado Arrúa de mi sección y el infante Ricardo Velez con su fusil con mira nocturna.
En ese momento, el Jefe británico, mayor kiszely, estaba tomando cuerpo a cuerpo la posición del tte Vázquez (el Subt Silva junto con sus soldados y un soldado del RI 12 habían ya muerto en la acción, también el suboficial Castillo y varios infantes de marina).



Mientras avanzábamos, Kiszely alcanzó la posición, la creyó limpia y llamó al Jefe de la Compañía Flanco Derecho, Mayor Price, para que continúe la misión: limpiar la altura y conquistar el cerro. Ignoraban ambos jefes que, cerca de ellos, los 3 solitarios que buscábamos a los infantes de marina, los observábamos con el visor nocturno de Ricardo Velez. Este me dijo gritando en mi oído: «señor, hay de 6 a 10 ingleses en la altura»…. No lo podía creer pues se suponía que debía encontrar argentinos!!! me advertí de mi grave error: estaba solo y lejos de mis soldados (unos 800 metros o mas) y debía regresar cuanto antes; solo atiné a cargar una granada de fusil, avisarle a Velez y Arrúa que cuando la dispare abran fuego y corramos de regreso aprovechando la confusión (si salía bien), gracias a Dios así fué… apenas llegamos, los británicos comenzaban a reunirse en el sector preparando el asalto: el combate, por fin, había llegado!!!
Waldemar Aquino se paró en una roca y abrió el fuego desde la cadera; de inmediato la ametralladora de Horisberger, Gonzalez y Andreacola (donde me había instalado), comenzó a abrir el fuego y comenzamos a disparar junto con Di Sciullo, Corbalán y MInutti, además de Ricardo Velez (luego lo perdí de vista en la confusión). Se sumaron el soldado Montoya y el FAP de Becerra.
Ignoraba yo la inmejorable oportunidad que había perdido con ese grupo de británicos en la altura… se trataba nada menos que del Mayor Price haciendo el relevo junto al otro jefe de compañía; éste estaba con sus dos jefes de pelotón de ataque (dalrymple y Mathewson), kiszely le avisó que a 300 yardas unos fusileros extraviados le habían infrigido 4 bajas y él mismo se había salvado de milagro con un disparo (de Vélez o Arrúa) que había pegado en su brújula. Nuestro fuego había sido efectivo!!!
La ametralladora del sold horisberger mas los que ocupábamos el centro del dispositivo habíamos disparado con bastante precisión (hasta el Tte Mitchell, uno de sus oficiales, había sido alcanzado), 5 heridos apenas empezado el combate contra ninguno nuestro era una buena ecuación.
Price detuvo por momentos el asalto a nuestras posiciones; se acercaba el día y debía coordinar bien: ordenó a sus jefes de pelotón (Mathewson, Robert Alasdair Davidson Lawrence y el Teniente Dalrymple), a su segundo y al Observador adelantado que fijaran bien el objetivo, la cercanía de los Gurkhas hacía ineficaz el empleo de artillería pesada en ese sector. Finalmente decidió avanzar por la derecha que tenía mejores cubiertas, ordenó a dalrymple, jefe del 1er pelotón establecer una base de fuego en la posición conquistada por la Compañía Flanco Izquierdo; desde allí los Lanzacohetes de 84 y 66 mm deberían suplir las armas pesadas y apoyar el asalto.
Mientras iniciaban su avance, nosotros nos redistribuímos en las rocas; el Cabo Fernandez a la derecha con su grupo (en la parte más baja) el Grupo del Cabo Palomo en el centro, mezclado con el grupo del Cabo 1ro Zapata. Yo me quedé con la ametralladora de Horisberger (mientras le referia blancos importantes como armas antitanque o ametralladoras) y el Sarg Hector Juan Echeverria con la MAG de Oscar Ismael Poltronieri disparaban a los suyos del otro lado del dispositivo.
Mi segundo al mando, Sarg 1ro Jorge Daniel Corvalan, se colocó en el centro y en la altura (mas tarde esto sería salvador para todos).
El tiempo pasaba, el fuego arreciaba sobre nosotros y los escoceses no lograban avanzar; el Cap Bryden, segundo de la Compañía británica junto con el Tte Robert Alasdair Davidson Lawrence y 12 hombres lograron establecer una base de fuego siguiendo la línea de alturas cercana a nuestra posición, pero pudimos detectarlos y abrir fuego contra ellos. El pelotón del Teniente Mathewson avanzó por la parte mas baja, derecho hacia la posición del Cabo Fernandez, pero se vió detenido tambien.
fué el «momentum» del combate… en el próximo paso, la balanza debería inclinarse hacia uno u otro lado…
El ataque principal sobre la posición que definiría la guerra, ejecutado con el apoyo de dos fragatas, un regimiento de artillería, y una abrumadora superioridad numérica, se veía detenido por el fuego de un pequeño pelotón de infantes en el sector este del Monte Tumbledown….
El escocés Pengelly trató de alcanzarnos para arrojar granadas pero también fue detenido de un disparo. Nuestras ametralladoras disparaban con bastante buena precisión y Horisberger cambió por primera vez su cañón recalentado por las ráfagas.
El Cap Bryden (que había sido detenido un rato antes) pudo avanzar por el centro con el pelotón del Teniente Lawrence pero el fuego detuvo su avance; Los soldados McEnteggart, Harkness y el mismísimo Teniente Lawrence fueron heridos (este último encabezó valientemente el asalto buscando quebrar nuestra posición y liderando a sus hombres, cayó con un disparo en su cabeza). El Sarg McDermid y el Cabo 1ro Richardson abrieron el fuego exponiéndose para poder recuperar a los heridos entre ellos el Cabo Ian Morton. Los soldados de la 3ra sección, mi sección, lejos de asustarse, mantenían la posición y administraban exitosamente su munición. Tuve la suerte que todo lo que hacía eran automático: no pensaba ni meditaba, solo ordenaba, refería blancos o disparaba, es decir, éramos el resultado de lo que se había esperado de nosotros como infantes: obrar por reflejos y hacer lo que habíamos practicado muchas veces durante la paz, cada cual sabía que debía hacer.
El aire de la madrugada parecía caliente, las explosiones y ráfagas trazantes se cruzaban y las explosiones que provocaban los lanza cohetes británicos parecían bolas de fuego, pero nadie retrocedía.
El Jefe de Batallón escocés, comprendió que debía evitar la llegada de la luz, el ataque estaba retrasado y peligraba la operación. Aún faltaban dos fases mas: el 1er Batallón del 7mo Regimiento de Gurkhas debía avanzar hacia Monte William y finalmente el 1er Batallón de Guardias Galeses avanzar sobre Sapper Hill, pero primero debía cumplir su propia misión. Decidió armar una base de fuego con el pelotón de ametralladoras de todas las compañías y reforzó al segundo pelotón con una sección de fusileros de la sección de Dalrymple; esta acción abrió el camino al 2do Pelotón al mando del Sarg Robertson quien logró acercarse para lanzar granadas.
Desde la ametralladora de Horisberger, observamos el movimiento y los cohetes que nos disparaban, pegaban demasiado cerca y sentíamos su calor; me corrí un par de metros adonde se encontraba el soldado Gomez con un apuntador de lanzacohetes de 90mm y le referí el blanco, este me dijo que ya no le quedaban mas proyectiles por lo que le contesté «entonces tiralo a la mierda y empezá a tirarles a estos hdp»
Volví a la ametralladora justo cuando nos llegaba una ráfaga, Horisberger estaba regulando los gases porque su ametralladora estaba empezando a fallar, nos agachamos y al pasar la ráfaga y los cohetes, observé que Horisberger no se levantaba para responder; Sergio G. Regimiento Seis y Di Sciulo me informaron que este estaba herido; me acerqué cuando emitía sus últimos respiros, trató de decirnos algo pero, se desvaneció; aun empeñaba su ametralladora…Lo corrimos hacia un costado, Gonzalez se hizo cargo de la Mag y perdimos contacto con Andreacola, su abastecedor.
El fuego quedó a cargo de la segunda ametralladora, a cargo del soldado Oscar Ismael Poltronieri que se encontraba más hacia la derecha. Ignoro si fue su ametralladora o el FAP de Becerra tirando en automático, pero cada una de las ráfagas disparadas era replicada por otra de la ametralladora del Cabo 1ro Campbell, como él mismo relata.
El Jefe de compañía británico, Mayor Price, había reforzado la posición con gente de los 2 pelotones restantes. Los ingleses alcanzaron nuestras posiciones y no nos quedaba casi nada de munición, ningun cohete para los cañones de 90mm y tampoco granadas de mano ni hablar de apoyo de fuego de morteros o artillería propios, ya su superioridad era absoluta, los Guardias escoceses, con valor y el ejemplo de los Jefes de pequeñas fracciones (pelotones y secciones) habían logrado imponerse en el duelo y recuperar el impetu del ataque.
Comprendí inmediatamente que estábamos aferrados por lo que solo quedaba disparar intentando una última resistencia… En su posición cayó el soldado Becerra (que era apuntador de FAP y al tirar en automático, lo confundieron otra MAG) alcanzado por un cohete posiblemente disparado por el Sarg Robertson. En el centro, cayeron heridos los soldados «Pantera» Duarte (hoy luchando en la clínica Favaloro), Hugo Roberto Peralta, el Vasco Pedeuboy, Nestor Gomez y Pedro Francisco Adorno. Nadie retrocedía, pero claramente los escoceses ya habían ganado la partida; intentamos hacer un repliegue lo mas organizado que pudimos; en esos momentos el soldado Juan Domingo Rodríguez le pidió al Soldado Daniel Torres que lo cubriese, mientras avanzaba, disparó a su izquierda pero una ráfaga del Pelotón del Teniente Mathewson desde la izquierda lo mató en el acto.
El sector donde me encontraba (la izquierda del dispositivo) había sido superado; ahora el sector derecho solo debía sostener la posición y el repliegue (los Grupos de Marco Fernandez y el Cabo Marcos Elbio Palomo) el soldado Bordón fué el último en caer muerto en esta acción, mientras soldados del Pelotón de Lawrence (ya herido) alcanzaban su posición. El soldado «negro» Ramos tambien cayó herido en el hombri mientras trataba de desprenderse… tampoco pudo evadirse el «flaco» Raul Delfino; quedó aferrado y ya casi sin munición… fue tomado prisionero
La situación desde el sector de nuestra Compañía a unos 500 metros se veía desesperante, el Mayor Oscar Jaimet envió a la segunda sección del Subteniente Aldo Franco a intentar desaferrarnos; también infantes de nuestra sección de morteros de 81 mm (uno de sus Cabos, Juan Antonio Barroso, con algunos de sus soldados se había destacado en el combate anterior de Dos Hermanas frente a los comandos de los Royal Marines) y de la 1ra Sección del Subt Guillermo Corbella. Todos trataron de alcanzar nuestro sector sin éxito. El fuego enemigo era preciso en ese momento.
Fue salvadora la acción de otro valiente, el Subteniente Guillermo Robredo, que junto al sold Beto Brito y otros más, ocuparon una posición en el puesto observatorio de la infantería de marina con una ametralladora intentando cubrir nuestro repliegue.
Este último, posibilitó el desprendimiento de los que pudimos. Cuando no encontraba camino posible entre las ráfagas y explosiones, escuché al Sarg 1ro Jorge Daniel Corvalan gritando «por acá». Una vez que cruzamos hacia la pendiente descendente, el combate estaba definido, ya había llegado el día… Comenzabamos a reunirnos en la base mientras atrás, en la «silla» entre William y Tumbledown, el Grupo Morteros del Regimiento 6 comenzaba su repliegue, mientras observaban al enemigo y trataban de rescatar municiones para utilizar después, cayó, junto a sus camaradas Juan Angel Figueroa, Marcelo Fragati y Marcelo Vallejo, el valiente Azcárate.
Conquistado el objetivo, el Observador de artillería británico, Cpt Miller subió a nuestra posición anterior para referir blancos a la artillería británica (hoy se encuentra allí la «memorial Cross» en homenaje a los caídos de ambos bandos).
Apenas llegado el Jefe Británico,Teniente Coronel Scott, al ver que los argentinos nos replegabamos, le ordenó un alto el fuego. Eran las 0815 del 14 de junio.
El Cpt Bryden, segundo Jefe, quedó a cargo de la recolección de los heridos y de los prisioneros; los que podían caminar fueron llevados al puesto socorro en Goat Ridge y los mas graves, en helicóptero a San carlos. 7 soldados habían caído muertos, varios heridos y 14 prisioneros (incluidos los heridos) eran todo lo que quedó de mi sección.
En ese lugar, mientras los escoceses del comando de compañía (y los que hacían de policía militar) apuntaban a los prisioneros hasta que aclarase, los soldados de la 3ra sección no perdían el espíritu, pese a que habían esperado el amanecer al lado de los cuerpos de los valientes de esa noche.
En un momento en que los apuntaban, uno de los heridos preguntó al soldado Miguel Angel Peralta que harían con ellos; este se miró con Néstor Ramos y se guiñaron el ojo (mientras en voz baja lo asustaban diciendole que los fusilarían). Esta anécdota solo muestra el espíritu de estos valientes arribeños, es mas, cuando Ramos observó que tenía que caminar casi 2km, se tiró al piso haciendose el dolorido y logro que lo evacuaran en camilla!!!



Entretanto, los pocos que pudimos replegarnos nos reunimos en la base de Sapper Hill donde estaban las últimas posiciones de los servicios del BIM 5. No había mucho tiempo para pensar; eramos poco mas de una docena de soldados de la 3ra Seccion, con una nueva misión que nos dió el Mayor Oscar Jaimet.
Nos juntamos con otro valiente arribeño, el subt Aldo Franco y algunos de sus soldados (recuerdo a Raul Arato y a Mario Giraldez entre ellos) y desde allí apoyamos el repliegue de algunas fracciones de los Regimientos 3, 7 y 25 que estaban del otro lado de la Bahía regresando con sus heridos de Wireless Ridge. Cuando cruzó uno de los últimos, el Subt Abel Aguiar con su gente, comenzamos a tratar de hacer el último kilometro hacia la ciudad. El soldado Echave, uno de los mas inteligentes y astutos de la sección, de sonrisa contínua, me pidió munición pero casi no me quedaba, él me respondió «deme la pistola que por lo menos me llevo un Johnny conmigo» a los pocos metros, cayó muerto junto con su amigo el soldado Balvidares, aquell que se habia demorado replegando a su hermano Adorno y regresó a prinera linea despues de entregarlo en el puesto de sanidad .
Era casi el mediodía del 14 de junio… Agotados infantes entramos a Puerto Argentino tratando de destruir todo a nuestro paso, incluso con el subt Aldo Franco liberamos unos ovejeros alemanes que corrieron hacia la ciudad y le disparamos al motor de un camión y el del helicóptero de prefectura en la entrada al pueblo. Pasado el mediodía, el combate había terminado y todo era silencio….
Esa noche, en la oscuridad de una cueva, me oculté en las sombras sintiendome el mas perdedor de los jefes… no quería ser reconocido por mis suboficiales y soldados por haberles fallado… a medianoche, un grupo de ellos se me acercó, creí que venían a increparme por mi fracaso… al llegar a mi lado me pidieron que me levantase… ahí me dí cuenta que mis codos y rodillas estaban completamente hinchados y no tenía fuerzas, me levanté como pude y me abrazaron diciendome «feliz cumpleaños mi subteniente», allí rompi en llanto, liberé tanta frustración, el dolor de los muertos, el combate perdido, en definitiva, la derrota. Fue una de las pocas veces que lloré en mi vida pero fue una tremenda lección: ellos me sostuvieron cuando las cosas estaban bien…y lo hicieron en la derrota. En ese mismo instante, en el hospital de campaña de Ajax bay, otro jefe de sección, que tambien cumplia años y había combatido valientemente, luchaba por su vida en la mesa de operaciones: el Teniente Robert Alasdair Davidson Lawrence.
20 días después, el 5 de julio, día del paracaidista británico, un cabo de ingenieros anfibios de infantería de marina junto a un cabo de ingenieros británico, obtuvieron permiso para recoger a los bravos arribeños caídos esa noche; los encontraron con su armamento y sus cargadores vacios, testimonio inequívoco de su valor. Sus cuerpos fueron trasladados al cementerio temporario en Ajax Bay y una sección de zapadores británicos, un capellán, un corneta y un gaitero de los guardias escoceses les rindieron honores militares. Los soldados británicos salieron de sus posiciones de descanso y saludaron militarmente a los 7 caídos de esa noche; no partieron solos al cielo de los soldados. Ese gesto nos hizo miembros de la misma hermandad por siempre.

Para nosotros, unos días antes, al regresar en el Buque Bahía Paraíso, la guerra había terminado, pero ignorábamos que comenzaba otra peor: luchar para que nuestra Patria no perdiese la memoria de sus valientes soldados y contar su historia. Se había combatido cerro por cerro, posición por posición y roca por roca…
Yo en particular, al llegar a Puerto, dejaba de ser su Jefe de combate y pasaba a ser su hermano de la guerra, pero ignoraba que un jefe nunca se libra de su responsabilidad y debía contar su historia y ser la voz de esos guerreros arribeños que hoy no tienen voz. Nuestros soldados pelearon valientemente en un feroz combate y le dieron honor a esa derrota sin padre, más aún!!! lo libraron aún cuando sabían que estaba perdido… pocos guerreros del mundo hacen algo así.
Los caídos y los que regresamos, somos orgullosos padres de ella. Por eso, mientras un arribeño tenga vida (y el resto se vaya sumando al pelotón que espera en el cielo de los soldados), con voz enérgica contará nuestra historia!!
Y seguramente, cada año, muchos más argentinos se emocionarán, orgullosos de pertenecer a esta tierra maravillosa y servir a su Bandera como aquellos bravos de Malvinas… orgullo de soldado, orgullo de guerrero…»