La Universidad de Mendoza, a través de su Facultad de Ciencias Médicas, se une a la conmemoración del Día Mundial del Glaucoma. Queremos recordar la importancia de la prevención y el diagnóstico temprano de esta enfermedad silenciosa que puede llevar a la pérdida irreversible de la visión.
El Día Mundial del Glaucoma fue establecido por la Asociación Mundial de Glaucoma (WGA) y la Asociación Mundial de Pacientes con Glaucoma (WGPA). Lo hicieron para crear conciencia global sobre esta enfermedad y la importancia de su detección temprana, ya que es una de las principales causas de ceguera irreversible.
Comprendiendo el Glaucoma, el «ladrón silencioso» de la visión
Adhiriendo a la necesidad de concientizar sobre esta enfermedad conversamos con el Dr. Daniel Sánchez Olguín, médico oftalmólogo y Prof. Adjunto de la Catedra de Oftalmología de la Facultad de Ciencias Médicas de la Universidad de Mendoza, sobre una de las patologías oculares con mayor impacto en la salud pública global: el glaucoma. Con un enfoque preventivo, el especialista nos detalla la importancia del diagnóstico precoz y los mecanismos detrás de esta enfermedad.
Dr. Sánchez Olguín, para comenzar esta charla y situarnos en contexto, ¿cómo definiría usted el glaucoma y por qué se le considera una de las principales preocupaciones en la oftalmología moderna?
El glaucoma es, en esencia, una neuropatía óptica. Se trata de una enfermedad ocular producida fundamentalmente por el aumento de la presión en el interior del ojo, lo que deriva en un daño progresivo del nervio óptico. Su relevancia en la salud pública es crítica, ya que representa una de las primeras causas de ceguera a nivel mundial en personas mayores de 50 años. Lo preocupante es que, sin una intervención oportuna, el desenlace clínico suele ser la pérdida total de la visión.
Científicamente, ¿cuál es el proceso fisiológico que ocurre dentro del globo ocular para que esta presión se eleve de manera perjudicial?
El ojo produce de manera constante un líquido llamado humor acuoso, el cual es vital para mantener una presión intraocular estable y nutrir las estructuras oculares. En un ojo sano, este líquido debe drenarse con normalidad. Sin embargo, cuando el sistema de drenaje falla, el humor acuoso se acumula. Ese exceso de fluido incrementa la presión interna, lo cual termina por comprimir y dañar las fibras del nervio óptico, que es el encargado de transmitir la información visual al cerebro.
Se suele describir al glaucoma como el «ladrón silencioso de la visión». ¿A qué responde este término y qué desafíos presenta para el diagnóstico temprano?
El término es muy preciso porque, en sus etapas iniciales, el glaucoma no genera síntomas ni dolor; el paciente no percibe que está perdiendo visión. Por ello, el control oftalmológico anual es fundamental, ya que nos permite detectar la enfermedad precozmente mediante la medición de la presión intraocular en consulta.
Cabe mencionar que existe una variante denominada «glaucoma de ángulo cerrado» que, aunque es menos frecuente, puede presentar sintomatología desde el comienzo, pero la mayoría de los casos progresan sin que el paciente lo note hasta que el daño es severo.
Respecto al daño ocasionado, existe una realidad clínica que es importante recalcar a la comunidad académica y general. ¿Es reversible la pérdida de visión causada por esta patología?
Lamentablemente, no. Es imperativo que la población comprenda que la visión que el paciente pierde debido al glaucoma no se recupera. Estamos ante una enfermedad que genera ceguera irreversible si no es diagnosticada y tratada a tiempo. Nuestro objetivo como especialistas no es restaurar lo perdido, sino preservar la visión que el paciente aún conserva.
En términos de epidemiología y prevención, ¿podría indicarnos qué perfiles de pacientes presentan un mayor riesgo de desarrollar esta condición?
El riesgo no es uniforme. Hemos identificado factores determinantes que elevan la vulnerabilidad, tales como:
- Tener la presión intraocular elevada.
- Ser mayor de 40 años.
- Poseer antecedentes familiares directos de glaucoma.
- Padecer miopía o haber sufrido traumatismos oculares.
- El uso prolongado de corticoides.
- Factores sistémicos como la diabetes o la hipertensión arterial (HTA).
Finalmente, doctor, una vez establecido el diagnóstico, ¿qué horizontes terapéuticos existen hoy en día para controlar el avance de la enfermedad?
Afortunadamente, contamos con un abanico terapéutico sólido. En la mayoría de los casos, el glaucoma puede tratarse mediante gotas oftálmicas que ayudan a regular la presión con una excelente respuesta. Para casos más complejos o específicos, disponemos de tratamientos con láser y procedimientos quirúrgicos. La clave reside en que el especialista defina el tratamiento más adecuado y personalizado para cada paciente, asegurando así su calidad de vida visual.


