La Universidad de Mendoza, fiel a su vocación humanista y latinoamericana, no puede permanecer ajena al dolor que hoy atraviesa al pueblo venezolano. Los devastadores terremotos ocurridos el pasado 24 de junio, que sacudieron con extrema violencia el centro y norte del país hermano, han dejado tras de sí un escenario de destrucción que conmueve profundamente a toda nuestra comunidad universitaria.
Como institución educativa argentina, sabemos bien lo que significan los lazos que nos unen a Venezuela: una historia común, una lengua compartida, una misma tierra americana que muchas veces nos ha enseñado que el dolor de un pueblo hermano es también, de alguna manera, el nuestro. Por eso, en nombre de todos los que formamos parte de la Universidad de Mendoza —autoridades, docentes, no docentes, estudiantes y graduados— elevamos nuestra voz para decirle a Venezuela que no está sola.
Queremos que estas palabras lleguen, sobre todo, a quienes hoy sufren la pérdida de un familiar, de un hogar, de un lugar querido. A ellos les decimos que sentimos su dolor, que los acompañamos desde la distancia con todo nuestro afecto, y que mantenemos viva la esperanza de que la fortaleza y la unión del pueblo venezolano, esas mismas que lo han sostenido en tantos momentos difíciles de su historia, sean también las que lo ayuden a atravesar este duro presente y a reconstruir, paso a paso, lo que la naturaleza ha derribado.
Reconocemos, asimismo, la enorme labor de los equipos de rescate, del personal de salud, de Defensa Civil y de todas las manos solidarias —venezolanas y de otras naciones hermanas— que trabajan sin descanso para salvar vidas y aliviar el sufrimiento de los damnificados. Su entrega es un ejemplo de humanidad que merece todo nuestro respeto y gratitud.
Desde Mendoza, una provincia que también ha conocido la fuerza destructiva de la tierra y que sabe lo que cuesta levantarse después de una tragedia, hacemos llegar un abrazo fraterno a toda Venezuela. Que la solidaridad internacional que hoy se multiplica sea un consuelo, y que la unión entre nuestros pueblos siga siendo, como siempre lo fue, un puente de esperanza.
